El cortijo se convierte en campo de concentración

Panel sobre el campo de concentración de El Marrufo.
Panel sobre el campo de concentración de El Marrufo.

El 31 de octubre de 1936, los franquistas que ocuparon el valle de La Sauceda derrotaron a los jornaleros y milicianos que les resistieron en El Marrufo. Instalaron en él su cuartel general, encerraron en las naves a los supervivientes del bombardeo de La Sauceda y exigieron a todos los habitantes de la comarca que se presentasen allí ante las nuevas autoridades. El Marrufo se convirtió entonces en un centro de detención, tortura y asesinatos donde los sublevados pusieron en práctica su plan de exterminio contra los llamados desafectos al nuevo régimen. En La Sauceda y El Marrufo las tropas franquistas asesinaron a más de 300 personas entre noviembre de 1936 y marzo de 1937.
El 31 de octubre de 1936, los trabajadores del Marrufo hicieron frente a la columna del ejército sublevado que, procedente, de Ubrique se dirigía hacia el valle de La Sauceda y que participaba en la acción combinada de la aviación y otras tres columnas que habían salido de Jerez, Alcalá y Jimena.
El comité de defensa del Marrufo opuso resistencia armada al avance de los facciosos, tal y como se reconoce en la hoja de servicio del entonces comandante militar de Ubrique, José Robles Ales, recogida por Fernando Sigler en su libro sobre La Sauceda. “Al mando de una columna, salió a practicar operaciones para la toma y limpieza de la Sauceda y el Marrufo” (…) y (…) “antes de llegar a los objetivos y en los sitios conocidos por los Corcitos, Sierresilla y Quijal, el enemigo opuso resistencia, siendo repelido, infligiéndole duro castigo, cogiéndoles algunas caballerías y dejando más de 20 muertos con armas”.
Los defensores del Marrufo dieron su vida pero no impidieron el avance de la columna mandada por el alférez de la Guardia Civil José Robles, que fue la que ocupó el cortijo. El 1 de noviembre Robles estableció allí mismo el mando militar de la zona y además recluyó en él a todos los supervivientes del bombardeo y la toma de La Sauceda que no habían logrado huir. También dictó una orden para que todos los habitantes de los núcleos dispersos del valle y zonas aledañas se presentaran ante las nuevas autoridades instaladas en el Marrufo. En realidad el cortijo se convirtió en un centro de detención, torturas y fusilamientos que comenzaron aquel mismo día.
José Robles, que luego fue ascendido a teniente de la Guardia Civil, se convirtió en un personaje clave en la terrible historia del Marrufo, pues, según supervivientes de la represión, era él quien cada tarde elaboraba una lista de las personas que a la mañana siguiente, a la hora del amanecer, iban a ser fusiladas en un descampado del cortijo. Las naves, almacenes y cuadras del cortijo eran los dormitorios de los hombres detenidos y las mujeres y los niños descansaban en la capilla. Todo el recinto estaba vigilado por tropas del ejército y guardias civiles. Era frecuente también la presencia de falangistas, que participaban en los fusilamientos. Los detenidos que iban a ser ejecutados sin juicio previo y sin ningún tipo de procedimiento judicial cavaban antes su propia tumba. Otros presos venían luego, arrojaban los cuerpos al hoyo y los cubrían de tierra. La dureza del terreno impedía que las tumbas fueran muy profundas, de ahí que los días de mucha lluvia aparecieran desenterrados algunos cadáveres. El investigador Carlos Perales recogió algunos testimonios de supervivientes que afirman que vieron a jabalíes con trozos de cadáveres en sus fauces. Perales también recogió testimonios que aseguran que a las mujeres, antes de fusilarlas las torturaban y las violaban. Los historiadores calculan que entre noviembre de 1936 y marzo de 1937 en el Marrufo fueron asesinadas entre 300 y 600 personas.
Los asesinados no sólo eran habitantes de La Sauceda, pues a este lugar habían huido personas otros muchos pueblos de la sierra y del resto de la provincia de Cádiz huyendo de la represión franquista. Allí se habían refugiado vecinos de Ubrique, Algar, San José del Valle, Jimena de la Frontera, Alcalá de los Gazules, Cortes de la Frontera y las pedanías jerezanas del Mimbral y Tempul, fundamentalmente. El historiador Fernando Sigler pudo poner nombre a un grupo de víctimas procedente del Mimbral y San José del Valle porque encontró un documento en el Archivo Histórico Diocesano de Cádiz con una relación de dieciocho personas que fueron fusiladas y enterradas en el Marrufo. Es una lista elaborada por el párroco de la ermita del Mimbral cuando al termina la guerra descubrió que le faltaban vecinos y los inscribió en el libro de defunciones con la anotación Desaparecido en el Marrufo.
En esta misma fuente documental el párroco hizo constar además la identidad de otras dos personas que “desaparecieron” en el Marrufo pero que fueron enterradas en lugar distinto. A estas 20 víctimas mortales, el párroco añade otros 32 nombres de personas relacionadas con el Mimbral y que fueron fusiladas en el entorno del cortijo convertido en campo de concentración. Con este nuevo contingente, el conjunto de personas procedentes del Mimbral que fueron asesinadas en el Marrufo y su territorio próximo asciende a 52.
Sigler ha hecho un detenido análisis de la fecha en que fueron asesinados los 18 vecinos del Mimbral, su lugar de procedencia, su sexo y edad, y el lugar donde fueron ejecutados. El primer asesinato de un vecino del Mimbral se produjo el 2 de noviembre de 1936, es decir, un día después de la ocupación de esta zona por las columnas rebeldes. Las últimas víctimas de este grupo restringido objeto de estudio fueron fusiladas el 14 de noviembre del mismo año. Los asesinatos de estos inocentes se produjeron en cinco días distintos de la primera quincena de ese mes: en las jornadas del 2, 4, 5, 10 y 14 de noviembre. Sólo en un caso hubo un solo asesinato. En los demás días, los fusilamientos fueron colectivos. El mayor número de víctimas conjuntas se produjo el día 10, con siete asesinatos. Tras su análisis Sigler concluye: “Si solo en este segmento restringido de represaliados los represores procedieron a una eliminación secuencial en grupos a una media de 3,6 asesinados diarios en las cinco jornadas de fusilamientos extendida únicamente en la primera quincena del primer mes de ocupación militar de la zona, cabe colegir, mediante una extrapolación proporcional, que si a éstos se añadieran los restantes refugiados de distinta procedencia y los residentes que también fueron víctimas, la cifra de asesinados podría elevarse a varios centenares”.

Imágenes sobre el campo de concentración de El Marrufo.
Imágenes sobre el campo de concentración de El Marrufo.
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