Prisioneros en los batallones disciplinarios de la posguerra

Nacido en San Enrique de Guadiaro (San Roque, Cádiz) el 20 de octubre de 1919, aunque en la documentación del Archivo Militar de Guadalajara, figura como nacido en 1918. No obstante, las fechas cuadran más con 1918 respecto al reemplazo de 1939, cuando fue reclamado para volver al ejército. Había pertenecido al denominado por los sublevados, ejército rojo, destinado en la 82 Brigada Mixta, 4º batallón, con la categoría de soldado. Teniendo en cuenta la pronta incorporación del término de San Roque a los territorios bajo control de las tropas rebeldes, quizá no sea arriesgado pensar que un juvenil Manuel Vargas, de apenas 18 años, se alistara al ejército de la República, si bien, según consta en su ficha, cuando se produjo el golpe de Estado, él se encontraba en su domicilio de la barriada sanroqueña.

La 82 Brigada Mixta fue una unidad del Ejército Popular de la República creada en marzo de 1937, durante la guerra, en la que se integraron milicianos anarquistas y tropas regulares, pero en la que tuvo un peso especial un batallón del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), partido de tendencia marxista revolucionaria, que se había creado en 1935. Estos efectivos participaron en la batalla de Teruel, consiguiendo controlar la ciudad el 1 de enero de 1938. Con posterioridad, en la batalla del río Alfambra (del 5 al 8 de febrero de 1938), la unidad fue derrotada en una durísima acometida, sufriendo una gran cantidad de bajas, especialmente en la retirada.

No sabemos en qué momento del conflicto fue hecho prisionero, puesto que en su expediente se especifica que efectuó su presentación a las autoridades franquistas como prisionero de guerra y que se encontraba en la provincia de Zaragoza. Este dato también encaja con la trayectoria de la 82 Brigada Mixta, ya que, Manuel Vargas debió caer preso en las maniobras en la zona de Teruel, por tanto, entre enero y febrero de 1938. Efectivamente, en la documentación del juicio, Manuel Vargas hace constar que se encuentra privado de libertad desde el 3 de marzo de 1938. En la documentación recogida por Fernando Sígler en el archivo de la Prisión del Puerto de Santa María, figura que ingresó en la prisión de San Roque en septiembre de 1939. ¿Estuvo ese tiempo en la prisión, o en otro recinto de Zaragoza?

Encontrándose en la cárcel de San Roque, el siguiente trance al que se enfrenta es el Consejo de Guerra, al que asiste en abril de 1940, en el que el fiscal pide para él 20 años de prisión. El 27 del mismo mes se produce la sentencia por Consejo de Guerra de Algeciras – proceso 2282/40- en el que se le acusaba de auxilio a la rebelión, y del que sale con una pena que queda reducida a 6 años de prisión menor. En la documentación que sigue al juicio, se hace constar que se le cuenta el tiempo de prisión desde el 17 de junio de 1940 y que su condena se extinguirá el 2 de marzo de 1944. Otro documento que ratifica la condena es el firmado por Antonio García Martín, secretario de Ejecutorias del Consejo de Guerra Permanente Sumarísimo de Urgencias de Algeciras, enviado al Auditor de Guerra de la Región, el 17 de junio de 1940, en el que se manifiesta que la sentencia es firme. A finales de agosto se notifica todo lo referente a este proceso al director de la cárcel de San Roque.

Volviendo a un documento de la Prisión Preventiva de San Roque, se hace un resumen de su paso por esa cárcel, desde la que asistió al Consejo de Guerra celebrado en Algeciras ya mencionado, y a fecha de 10 de octubre se hace constar que Vargas Delgado es entregado a fuerzas de la Guardia Civil para que se le conduzca a la Prisión Central del Puerto de Santa María, algo que se hace en ese mismo día. En este escrito se hace constar que presenta buena conducta. Probablemente este detalle era importante, puesto que por la Ley de 4 de junio de 1940 se autorizaba al Gobierno a conceder la libertad condicional a los condenados por la justicia castrense a penas inferiores a los seis años y un día, como era la de Manuel Vargas Delgado. De hecho, ya desde la prisión del Puerto, a los pocos días de llegar, el 27 de octubre, se remite escrito a las nuevas autoridades de San Enrique de Guadiaro, a saber, el comandante de puesto de la Guardia Civil, a la Alcaldía y al Jefe Local de la Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S, solicitando certificados de buena conducta. El 11 de noviembre, la Junta de Disciplina, eleva una propuesta de libertad condicional a la Comisión Provincial de Cádiz, obteniendo dicha libertad el día 28 de noviembre de 1940.

Documento reconociendo la libertad condicional para Manuel Vargas Delgado, emitido desde la prisión del Puerto de Santa María en diciembre de 1940

Imaginamos que un Manuel Vargas con 21 años recién cumplidos regresó a su casa, sin embargo, para la España recién salida de la guerra, aún debía cumplir con el servicio militar, puesto que no lo había hecho con el ejército vencedor, aunque ya sabemos que estuvo en el conflicto, defendiendo a la legalidad republicana. De ahí que en su expediente, localizado en el Archivo Militar de Guadalajara, se afirme que entró a servir en el ejército como soldado penado perteneciente al reemplazo de 1939, el 10 de diciembre de 1941 y se le destinó al servicio del Batallón Disciplinario de Soldados Trabajadores Penados nº 94, en la 2ª compañía, haciendo efectivo su ingreso el 10 de febrero de 1942, citándose en un documento como procedente del campo de concentración Miguel de Unamuno de Madrid , mientras que en otro, se dice que lo hizo desde el campo de concentración de Miranda del Ebro (Burgos). Sabemos que este campo, a partir de 1941, era destino casi exclusivo de prisioneros extranjeros, afectados por la Segunda Guerra Mundial. Dada la tardía fecha de diciembre de 1941 en la que Vargas fue destinado al batallón disciplinario, es plausible que, bien pasase del campo burgalés al madrileño, o bien que sea un error y que sólo estuviera en uno de ellos, seguramente el Miguel de Unamuno y, de ahí, lo hiciera al batallón disciplinario.

Aunque, como se ha visto, sea difícil determinar con exactitud su procedencia a la hora de incorporarse al batallón nº 94, lo que sí puede afirmarse es que fue prisionero de guerra y que, al menos, estuvo preso en Zaragoza, San Roque y el Puerto de Santa María, así como en algún campo de concentración, sea el Miguel de Unamuno o el de Miranda de Ebro. O incluso en ambos. Es decir, que un joven de 22 años tenía ya a sus espaldas una larga trayectoria de represión, a la que hay que sumar los episodios que viviera en la guerra. La enfermedad debió hacer mella en él, puesto que al día siguiente de ser destinado al Batallón nº 94 pasó al hospital de Zumaya (Guipúzcoa), localidad que se encuentra a algo más de 40 kilómetros de Lezo donde, en esos momentos, estaba situado el mencionado batallón.

Estando en el hospital es llamado a presentarse ante el Juzgado Municipal de Rentería, población igualmente muy próxima a Lezo, el día 13 de marzo de 1942. Sin embargo, el comandante jefe del batallón, que un día antes había ordenado al teniente comandante de la 2ª compañía que se presentase Vargas Delgado en el juzgado, notifica al tribunal que no podrá hacerlo por encontrarse hospitalizado. El delito del que debe responder es el catalogado como de “responsabilidades políticas”, seguramente derivadas de haber estado en el ejército de la República, lo que implicaba para los vencedores, poseer una ideología de izquierdas y, por tanto, punible. Por cierto, que el teniente comandante de la 2ª compañía era Manuel Álvarez Zalba, recién ascendido al puesto que, siendo un chaval de 16 años y fuertemente ideologizado en los principios de la Falange, había protagonizado, junto a su primo, Ricardo Garchitorena Zalba, un intento de asesinato del diputado socialista y secretario general de la UGT, Francisco Largo Caballero.

El 3 de abril de 1942 fue dado de alta en el hospital, pero un año más tarde, el 16 de marzo de 1943, según consta en su ficha, vuelve a ingresar, esta vez, en el hospital de Cádiz. Esto nos indica que el batallón se ha movido ya que, en marzo de 1943, la documentación firmada por sus jefes se hace desde la localidad gaditana de Rota. Por tanto, es de suponer que Manuel Vargas se trasladara con su batallón de destino, pero en malas condiciones de salud. Tanto es así que, el 5 de abril de 1943 es dado por inútil total y licenciado.

Con antelación a esta fecha, Luis Calama, Subdelegado Local de Falange Española Tradicionalista y de las JONS en Guadiaro, redactó un carta dirigida al jefe del Batallón Disciplinario nº 94, certificando buena conducta de Manuel Vargas Delgado, fechada el día 24 de abril de 1942 y, en paralelo, otra en parecidos términos del puño del alcalde pedáneo de Guadiaro. Dice lo siguiente: “(…) con anterioridad al 18 de julio de 1936 observó buena conducta, no habiendo estado afiliado a ningún partido político a su regreso de la zona roja y durante su estancia en esta, su conducta fue siempre buena”. También, el comandante del puesto de la Guardia Civil de Tesorillo, Rafael ¿Jarrillo?, se une a los informes positivos que desde todas las jerarquías locales se están enviando a las autoridades militares: “(…) es persona de buena conducta y antecedentes político-sociales, no teniéndose noticias estuviera afiliado a ninguno de los partidos que integraban el fenecido frente popular (…)”. Suponemos que estos certificados, junto a su enfermedad, de la que no mejoraba, contribuyeron a su licenciamiento, un año más tarde.

Un hecho curioso nos llama la atención, recogido en una carta del teniente, jefe militar de la 2ª compañía, a la que Vargas pertenecía, dirigida al comandante jefe del batallón, notificando que tres soldados, entre los que figura nuestro protagonista, se habían presentado, procedentes del hospital de Zumaya, vistiendo camisa de paisano, en lugar de la obligatoria camisa kaki, aludiendo que se las habían dado en el centro sanitario. Cualquier hecho, cualquier gesto, en aquellas circunstancias en las que los soldados penados se encontraban, era objeto de estudio, notificado y registrado en su expediente. Un esfuerzo administrativo del que dudamos el valor que estos detalles podían tener, pero que demuestra la psicosis y la paranoia que seguían existiendo, incluso varios años después de que los golpistas hubiesen ganado la guerra. La sospecha de no se sabe bien qué, siempre recaía sobre los vencidos.

El 13 de marzo de 1942, se encontraba hospitalizado

La realidad para Manuel Vargas es que a fecha de 5 de abril de 1943 fue declarado inútil total por un persistente problema médico que queda definido como hernia inguinal izquierda, de la que se especifica en el informe que se había reproducido de una lesión anterior a la concentración, por lo que no se deducen responsabilidades para nadie. La decisión fue tomada por un tribunal médico en Cádiz, en el que se integraban, como presidente, el director del hospital, el coronel médico Alejandro Rodríguez Solís; el comandante médico, Ginés Torrecillas Carrión y los capitanes médicos, Eduardo Herrera Adana y Manuel Sánchez Rodríguez. En una carta del capitán jefe accidental en Rota, al teniente coronel jefe de la agrupación en Algeciras, le informa de que Vargas Delgado emprendió la marcha. Esta información también es interesante, junto a otro escrito posterior, para certificar el traslado del Batallón nº 94 a Algeciras, lo que implica que los prisioneros que estaban destinados en él debieron participar en la multitud de obras que el régimen de Franco desplegó por la comarca, dejándola sembrada de búnkeres e instalaciones militares, con los que convivimos los actuales habitantes del Campo de Gibraltar.
Unos días después, el 14 de abril, el comandante mayor general subinspector de movilización y servicios de la 2ª región militar, desde Sevilla, redacta un escrito para notificar que Vargas Delgado, procedente del Hospital Militar de Cádiz, ha sido pasaportado a su residencia -socorrido de todos sus haberes, que deberían ser muy pocos- en San Enrique de Guadiaro.

A la edad de 24 años, Manuel Vargas Delgado, enfermo y después de una trayectoria terrible de guerra, prisiones, campos de concentración, batallones de prisioneros y hospitales, cruzando de una punta a la otra la península Ibérica, en abril de 1943, llegaría a la casa de sus padres, Francisco y María, a San Enrique de Guadiaro, donde había ejercido la profesión de barbero.
El último documento al que hemos tenido acceso es al acta de defunción, custodiada en el Registro Civil de San Roque (Cádiz), Tomo 00112-Página 098V. En ella se especifica que Manuel Vargas Delgado, a los 33 años de edad, domiciliado en la barriada de San Enrique de Guadiaro, hijo de Francisco y de María y, de estado civil casado, con Juana Romero Millán, deja una hija, llamada María.
El fallecimiento se produjo en su domicilio el día 9 de octubre de 1954 a las 21 horas a consecuencia de una tuberculosis pulmonar y será enterrado en el cementerio de dicha barriada. José Luis Sánchez del Cueto y Gil es el médico que certifica la defunción, contando con el testimonio de Juan Ortiz Andrades y de José María Machuca Vela. La inscripción en el registro se hace con la firma del secretario Miguel Pérez del Castillo, bajo la autorización del juez, José Jover Cabrera, el día siguiente, 10 de octubre.

Antigua cárcel de Zaragoza

Fuentes:

 

[Proyecto “Recopilación, tratamiento y difusión de los expedientes relativos a los Batallones de Soldados Trabajadores con destino en la provincia de Cádiz durante la posguerra (1ª Fase)”].

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