
Crónica de Nieves García Benito, presidenta de la Asociación Casa de la Memoria.
Relato estas líneas en el inicio de actividades de otoño y en el marco del X aniversario de La Casa de la Memoria, en la que colaboran la Diputación de Cádiz y el ministerio de Memoria Democrática, con una enorme emoción por las conferencias de Antonio Benítez Barrios, [Transaharianos. Sueños en la arena], Manuel López Franco [presentación del libro, Exilio republicano andaluz en Túnez, una aproximación], Eliane Ortega Bernabéu [Investigación, Exilio republicano y los campos de concentración de 1939 a 1943], en sus investigaciones sobre el exilio republicano a los países norteafricanos de Argelia, Túnez y Marruecos.
Resalto el poder de comunicación de esta trilogía de una mujer y dos hombres como un equipo conjuntado que iban transmitiendo investigaciones, viajes, penurias, pesquisas; que iban complementando la información por medio de: la ubicación de los lugares, los espacios, las imágenes, los rostros, las vidas y la muerte.
Me gustaría poder trasmitiros la importancia, el horror, la desazón y la rabia por lo que ayer nos contaron.
La importancia por el irremediable desconocimiento que tenemos sobre todo lo que ocurrió en el norte de África con las mujeres y hombres exiliados republicanos. Soy licenciada en Historia Moderna y Contemporánea y jamás he visto en algún libro de texto o asignatura optativa el destino al que fueron llevadas estas personas (evidentemente, no hablo del trabajo divulgativo las asociaciones memorialistas).
El horror, porque parece que no hizo falta que los golpistas españoles, o el fascio, o el nazismo reprimieran y castigaran tan cruelmente a los perdedores de la guerra de España; ya se encargaron las autoridades coloniales francesas y su ejército de castigar a los culpables por ser los perdedores de una guerra.
La desazón, porque se nos ha vendido una triste historia del triunfo de Los Aliados sobre el nazismo y el fascismo, cuando fueron los países coloniales -los que en la Conferencia de Berlín de 1885 se repartieron el continente y trazaron sus fronteras, hasta donde decidían sus ejércitos-, y que se pueda hablar de la II Guerra Mundial como de una guerra imperialista, donde a estas alturas, los buenos y los malos de toda la vida se nos van cayendo a pedazos.
La rabia, por lo tarde que es para saber tan poco aún y, con enormes sacrificios, para sacar a la luz la verdad sobre estos hombres y mujeres que buscaron el sur como escape del golpismo y encontraron aún más dolor, asesinato, tortura y miedo del que huían desde sus hogares, desde su tierra.
Resalto uno de los aspectos más terribles y desconocidos al que se refirió Eliane Ortega Bernabéu: la represión tajante, el engaño y la trampa organizada para los militares del ejército republicano; era el tiempo de la confrontación mundial y a muerte cierta, hasta llegar al horror del 6 de agosto de 1945 en Hiroshima y del 9 de agosto de 1945 en Nagasaki, de los ejércitos más poderosos del mundo y el ejército republicano español, analizado como un apéndice del ejército de la Unión Soviética debería ser machacado hasta el exterminio final.
La Casa de la Memoria La Sauceda y El Foro por la Memoria del Campo de Gibraltar con su equipo de personas al pie del tajo han organizado este encuentro con estos terribles sucesos de nuestra Historia, de nuestras mujeres y hombres sobre las que las generaciones actuales hemos nacido y sobre las que recae la responsabilidad de contar para reparar, para saber la verdad, para estar alerta sobre las grandes mentiras organizadas, para traer algo de justicia a sus vidas y a las nuestras.







