Recientemente, el Archivo Municipal de Estepona, gracias a la labor de su titular, Alfredo Galán Sánchez, ha facilitado al archivo de la Casa de la Memoria La Sauceda la documentación relacionada con Falange Española existente en sus fondos. Esto se ha visto favorecido porque la misma se encuentra digitalizada y, sobre todo, por el convencimiento que ambas instituciones sostenemos, entendiendo el valor de la cooperación como uno de los pilares fundamentales para el conocimiento, en este caso, el de nuestro pasado.
Se trata de unos 1.300 expedientes, algunos de ellos extraordinariamente voluminosos, como los señalados con los títulos de “Carpeta varios de 1937”, “Información e Investigación”, “Jefatura Local” o “Propaganda”, que incluyen numerosos documentos que evidencian las tareas que el partido adscrito al golpe de estado desarrolló. Las Milicias falangistas se convirtieron en un apoyo imprescindible para asumir trabajos relativos a la administración y la organización en retaguardia. Este cuerpo de voluntarios no sólo participó en los frentes, sino que se convirtió en el sostén de las medidas que los golpistas iban adoptando en aquellos lugares que pasaban a estar bajo su control en la guerra. Estos documentos nos dan también una idea del funcionamiento interno y de cómo se tejió una red en la que los falangistas se integraron junto a los militares sublevados, -de hecho, las Milicias falangistas fueron una organización paramilitar y le debían obediencia al ejército franquista- otras fuerzas como la Guardia Civil, los jueces que fueron ocupando las instituciones de la Justicia, establecimientos como prisiones o penales, párrocos y elementos de la Iglesia y personas con poder económico, principalmente.
En este sentido, la documentación recoge la comunicación interna entre los diferentes elementos implicados en la derrota del gobierno y, evidencian, entre otras tareas, el papel de recaderos de estos milicianos, encargados de la recogida y el registro de armas, llevando el control de salvoconductos, asumiendo el traslado de presos, realizando las rondas de carácter policial en las poblaciones y todo aquello que fuese preciso para los objetivos de control y represión que se mantuvieron hasta la muerte del dictador.
Centrada en los años 1937 a 1947, en la documentación compartida también hay datos acerca de las requisas, la censura de espectáculos, los listados con los nombres de los afiliados, algo más de 100 fichas de los que se incorporaron a las filas de los requetés, la construcción de cruces dedicadas a los caídos, las actividades relacionadas con la edición y la difusión de folletos, carteles, revistas y hasta la organización de los fastos para conmemorar el día del caudillo, en los que no faltaban manifestaciones, misas y desfiles.
No obstante, quizá la parte de mayor relevancia sean los centenares de fichas que la Falange redactó sobre multitud de vecinos y vecinas, siendo sus opiniones particulares y testimonios parciales, de grandísima trascendencia para el futuro de todas aquellas personas consideradas como sospechosas, así como para sus familiares, propiedades, etc. Hay que decir también que en esta documentación se encuentra información no sólo de habitantes de Estepona, sino que los datos, en bastantes ocasiones, se refieren a personas de las zonas y municipios aledaños.
Es, por tanto, una colaboración que enriquece el trabajo y abre nuevas líneas de investigación. Los documentos, además, presentan una extraordinaria conservación y, por tanto, muy buena calidad de imagen y constituyen una fuente de primer orden para el conocimiento del fenómeno y el funcionamiento de la Falange, para el papel jugado en el desarrollo de la Guerra de España y del llamado Movimiento Nacional -donde la Falange quedó integrada-, para mayor eficacia de la posterior dictadura.
Reiteramos el reconocimiento a la colaboración prestada, al tiempo que aprovechamos para poner nuestros fondos -tanto físicos, como digitales- a disposición de la investigación o la consulta que puedan ser demandadas a través de la entidad de Estepona.

